
Ya desde el principio de nuestra vida aprendemos a hablar, a leer, a escribir… Así, el colegio se convierte en un derecho al que ningún niño debe faltar si quiere terminar por convertirse en la persona que se espera. Allí aprendemos Matemáticas, para desarrollar nuestra lógica; Lenguaje, para conseguir comunicarnos; Naturales, para conocernos a nosotros y lo que nos rodea; Sociales, para comprender nuestras relaciones; Historia, para no repetir los mismos fallos; Religión, para encontrarnos un sentido… Y es que intentamos aprender tantas cosas que, cuando llega la hora, la mayoría se nos han olvidado.
Es, no obstante, de agradecer, como digo, que la sociedad nos proporcione y nos asegure el acceso al conocimiento o, mejor dicho, las habilidades para ser capaces de aquirir luego de él tanto como queramos por nuestra cuenta. Todo hasta aquí perfecto, pero se olvidaron, tal vez, de lo más importante. ¿Quién nos enseña a ser felices?